lunes, 11 de junio de 2007

UNSA triplica celulares



UNSA triplica
gasto en celulares

* Este año la gestión del rector Rolando Cornejo, tiene estimado gastar más de 6 millones de soles en rubros como telefonía móvil, viáticos y asignaciones, además de pasajes de distribución gratuita, vestuario, servicio de consultoría, pasajes, gastos de transporte y servicios no personales.
* Sólo un millón es para equipos de investigación y desarrollo

Vistaprevia/Hugo Mendoza Ch.

El plan anual de adquisiciones de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA), para este año, guarda más de una sorpresa. La casa agustina tiene programado realizar 447 procesos (compras, adquisiciones, pagos) por un valor de 42 millones 686 mil 295 soles. Es uno de los presupuestos más altos de los últimos años. El año pasado el monto llegó a los 39 millones.
Aunque la cantidad parezca elevada, una universidad siempre requiere mayor presupuesto para brindar mejor formación. Sin embargo, la UNSA cuanto más dinero tiene, gasta más en rubros que no sirven para mejorar la calidad académica.
Un ejemplo claro: para este año se tiene previsto triplicar el gasto en telefonía móvil. Si el año pasado pagaron 55 mil soles, este año quieren gastar 133 mil 649 soles en ese servicio.
La jefa del departamento de Planificación y Presupuesto de la UNSA, Elisa Castañeda Huamán, justificó ese gasto excesivo indicando que “todas las transacciones se hacen a través de celulares en los diferentes niveles de coordinación, es decir, entre los maestros y demás, asimismo, se usa para labores de coordinación internas y externas”, anotó.
Los funcionarios de la UNSA, desde el rector Mamerto Rolando Cornejo Cuervo, ganan lo suficiente para pagar su propio servicio de telefonía móvil, sin embargo, cargan ese gasto a la universidad.
Cada mes gastan en conversaciones por celular un promedio de 11 mil soles, cada día 470 soles y todo ese monto alcanza por lo menos para conversar 7 horas continuas.
La austeridad no es palabra conocida al interior de este centro de estudios.
El presupuesto aprobado para el presente año fiscal 2007 en la UNSA es de 107 millones 831 mil 913 soles, de los cuales el 97 % está destinado a gastos corrientes (planillas y servicios) y tan sólo el 3 % para gastos de capital (inversiones).


OTROS GASTOS
Además de los celulares, para este año se han creado nuevos procesos y se han incrementado algunos soles para causas o asuntos superfluos. En viáticos y asignaciones, el año pasado se gastó 597 mil 746 soles, y este año se tiene estimado gastar 770 mil 148 soles.
En pasajes y gastos de transporte el año pasado hubo un dispendio de 191 mil 287 soles y este año será de 164 mil 865. En vestuario en 2006 se asignó 6 mil soles y este año se estipuló 196 mil 029 soles. El rubro que ha desaparecido para esta temporada es el de propinas. Bajo ese concepto el año pasado gastaron 199 mil 246 soles.
Mientras se programan esos gastos, los libros de las bibliotecas no se renuevan hace 20 años y hasta el hospital de Zamácola ha quedado a medio construir.


INVESTIGACIÓN
No todo es malo en el plan anual de adquisiciones de la UNSA. Al menos para este año se comprarán equipos para investigación y desarrollo por un monto de un millón 109 mil 135 soles. Ya se han iniciado algunas licitaciones públicas para los programas de ingenierías. La UNSA tiene una asignación especial que proviene del canon minero, exclusivamente para la compra de equipos que fomenten la investigación.

***RECUADRO****
Pasajes de distribución gratuita S/. 127. 000
Servicio de consultoría S/. 141. 571
Pasajes y gastos de transporte S/.164. 865
Viáticos y asignaciones S/. 770. 148
Vestuario S/. 196. 029
Servicios no personales S/. 4’ 545 561


(NOTA 2)

Rector reparte distinciones al por mayor
* El récord de Mamerto Cornejo Cuervo

Vistaprevia/Hugo Mendoza Ch.

Finalizó 2006 entregando 22 distinciones. El promedio del actual rector de la UNSA, Mamerto Rolando Cornejo, es de 27 distinciones por año.
Su afán de condecorar a cuanta personalidad llega a la ciudad, lo ha llevado a batir un récord.
Si en 2003 fueron 19 condecoraciones, dos Doctorados Honoris Causa (entre ellos Henry Pease García), ocho profesores eméritos y nueve profesores honorarios, 2005 superó con 34 distinciones, 10 Doctorados Honoris Causa y 21 Profesores Honorarios.
El Doctor Honoris Causa es un título honorífico que se concede a personas eminentes. Esta designación se otorga principalmente a personajes que se han destacado en ciertos ámbitos profesionales.
Entre los Doctores Honoris Causa de la UNSA figuran el ex presidente del Perú, Alejandro Toledo y Aníbal Torres Vásquez, miembro del Consejo Nacional de la Magistratura.
Este año, el pasado 8 de marzo se condecoró a Beatriz Merino, defensora del Pueblo y Adelaida Bolívar, fiscal de la Nación. Todo en una ceremonia por de más ostentosa que también significa un considerable gasto a la universidad.
¿Qué gana o pierde la universidad con tantas distinciones? Por lo visto en los últimos años, sólo satisfacen la vanidad del Rector.





PAGINA 5 PARA LA EDICION IMPRESA del 12 de marzo 2007

UNSA triplica
gasto en celulares

* Este año la gestión del rector Rolando Cornejo, tiene estimado gastar más de 6 millones de soles en rubros como telefonía móvil, viáticos y asignaciones, además de pasajes de distribución gratuita, vestuario, servicio de consultoría, pasajes, gastos de transporte y servicios no personales.
* Sólo un millón es para equipos de investigación y desarrollo

Vistaprevia/Hugo Mendoza Ch.

El plan anual de adquisiciones de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA), para este año, guarda más de una sorpresa. La casa agustina tiene programado realizar 447 procesos (compras, adquisiciones, pagos) por un valor de 42 millones 686 mil 295 soles. Es uno de los presupuestos más altos de los últimos años. El año pasado el monto llegó a los 39 millones.
Aunque la cantidad parezca elevada, una universidad siempre requiere mayor presupuesto para brindar mejor formación. Sin embargo, la UNSA cuanto más dinero tiene, gasta más en rubros que no sirven para mejorar la calidad académica.
Un ejemplo claro: para este año se tiene previsto triplicar el gasto en telefonía móvil. Si el año pasado pagaron 55 mil soles, este año quieren gastar 133 mil 649 soles en ese servicio.
La jefa del departamento de Planificación y Presupuesto de la UNSA, Elisa Castañeda Huamán, justificó ese gasto excesivo indicando que “todas las transacciones se hacen a través de celulares en los diferentes niveles de coordinación, es decir, entre los maestros y demás, asimismo, se usa para labores de coordinación internas y externas”, anotó.
Los funcionarios de la UNSA, desde el rector Mamerto Rolando Cornejo Cuervo, ganan lo suficiente para pagar su propio servicio de telefonía móvil, sin embargo, cargan ese gasto a la universidad.
Cada mes gastan en conversaciones por celular un promedio de 11 mil soles, cada día 470 soles y todo ese monto alcanza por lo menos para conversar 7 horas continuas.
La austeridad no es palabra conocida al interior de este centro de estudios.
El presupuesto aprobado para el presente año fiscal 2007 en la UNSA es de 107 millones 831 mil 913 soles, de los cuales el 97 % está destinado a gastos corrientes (planillas y servicios) y tan sólo el 3 % para gastos de capital (inversiones).


OTROS GASTOS
Además de los celulares, para este año se han creado nuevos procesos y se han incrementado algunos soles para causas o asuntos superfluos. En viáticos y asignaciones, el año pasado se gastó 597 mil 746 soles, y este año se tiene estimado gastar 770 mil 148 soles.
En pasajes y gastos de transporte el año pasado hubo un dispendio de 191 mil 287 soles y este año será de 164 mil 865. En vestuario en 2006 se asignó 6 mil soles y este año se estipuló 196 mil 029 soles. El rubro que ha desaparecido para esta temporada es el de propinas. Bajo ese concepto el año pasado gastaron 199 mil 246 soles.
Mientras se programan esos gastos, los libros de las bibliotecas no se renuevan hace 20 años y hasta el hospital de Zamácola ha quedado a medio construir.


INVESTIGACIÓN
No todo es malo en el plan anual de adquisiciones de la UNSA. Al menos para este año se comprarán equipos para investigación y desarrollo por un monto de un millón 109 mil 135 soles. Ya se han iniciado algunas licitaciones públicas para los programas de ingenierías. La UNSA tiene una asignación especial que proviene del canon minero, exclusivamente para la compra de equipos que fomenten la investigación.

***RECUADRO****
Pasajes de distribución gratuita S/. 127. 000
Servicio de consultoría S/. 141. 571
Pasajes y gastos de transporte S/.164. 865
Viáticos y asignaciones S/. 770. 148
Vestuario S/. 196. 029
Servicios no personales S/. 4’ 545 561


(NOTA 2)

Rector reparte distinciones al por mayor
* El récord de Mamerto Cornejo Cuervo

Vistaprevia/Hugo Mendoza Ch.

Finalizó 2006 entregando 22 distinciones. El promedio del actual rector de la UNSA, Mamerto Rolando Cornejo, es de 27 distinciones por año.
Su afán de condecorar a cuanta personalidad llega a la ciudad, lo ha llevado a batir un récord.
Si en 2003 fueron 19 condecoraciones, dos Doctorados Honoris Causa (entre ellos Henry Pease García), ocho profesores eméritos y nueve profesores honorarios, 2005 superó con 34 distinciones, 10 Doctorados Honoris Causa y 21 Profesores Honorarios.
El Doctor Honoris Causa es un título honorífico que se concede a personas eminentes. Esta designación se otorga principalmente a personajes que se han destacado en ciertos ámbitos profesionales.
Entre los Doctores Honoris Causa de la UNSA figuran el ex presidente del Perú, Alejandro Toledo y Aníbal Torres Vásquez, miembro del Consejo Nacional de la Magistratura.
Este año, el pasado 8 de marzo se condecoró a Beatriz Merino, defensora del Pueblo y Adelaida Bolívar, fiscal de la Nación. Todo en una ceremonia por de más ostentosa que también significa un considerable gasto a la universidad.
¿Qué gana o pierde la universidad con tantas distinciones? Por lo visto en los últimos años, sólo satisfacen la vanidad del Rector.




UNSA triplica
gasto en celulares

* Este año la gestión del rector Rolando Cornejo, tiene estimado gastar más de 6 millones de soles en rubros como telefonía móvil, viáticos y asignaciones, además de pasajes de distribución gratuita, vestuario, servicio de consultoría, pasajes, gastos de transporte y servicios no personales.
* Sólo un millón es para equipos de investigación y desarrollo

Vistaprevia/Hugo Mendoza Ch.

El plan anual de adquisiciones de la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA), para este año, guarda más de una sorpresa. La casa agustina tiene programado realizar 447 procesos (compras, adquisiciones, pagos) por un valor de 42 millones 686 mil 295 soles. Es uno de los presupuestos más altos de los últimos años. El año pasado el monto llegó a los 39 millones.
Aunque la cantidad parezca elevada, una universidad siempre requiere mayor presupuesto para brindar mejor formación. Sin embargo, la UNSA cuanto más dinero tiene, gasta más en rubros que no sirven para mejorar la calidad académica.
Un ejemplo claro: para este año se tiene previsto triplicar el gasto en telefonía móvil. Si el año pasado pagaron 55 mil soles, este año quieren gastar 133 mil 649 soles en ese servicio.
La jefa del departamento de Planificación y Presupuesto de la UNSA, Elisa Castañeda Huamán, justificó ese gasto excesivo indicando que “todas las transacciones se hacen a través de celulares en los diferentes niveles de coordinación, es decir, entre los maestros y demás, asimismo, se usa para labores de coordinación internas y externas”, anotó.
Los funcionarios de la UNSA, desde el rector Mamerto Rolando Cornejo Cuervo, ganan lo suficiente para pagar su propio servicio de telefonía móvil, sin embargo, cargan ese gasto a la universidad.
Cada mes gastan en conversaciones por celular un promedio de 11 mil soles, cada día 470 soles y todo ese monto alcanza por lo menos para conversar 7 horas continuas.
La austeridad no es palabra conocida al interior de este centro de estudios.
El presupuesto aprobado para el presente año fiscal 2007 en la UNSA es de 107 millones 831 mil 913 soles, de los cuales el 97 % está destinado a gastos corrientes (planillas y servicios) y tan sólo el 3 % para gastos de capital (inversiones).


OTROS GASTOS
Además de los celulares, para este año se han creado nuevos procesos y se han incrementado algunos soles para causas o asuntos superfluos. En viáticos y asignaciones, el año pasado se gastó 597 mil 746 soles, y este año se tiene estimado gastar 770 mil 148 soles.
En pasajes y gastos de transporte el año pasado hubo un dispendio de 191 mil 287 soles y este año será de 164 mil 865. En vestuario en 2006 se asignó 6 mil soles y este año se estipuló 196 mil 029 soles. El rubro que ha desaparecido para esta temporada es el de propinas. Bajo ese concepto el año pasado gastaron 199 mil 246 soles.
Mientras se programan esos gastos, los libros de las bibliotecas no se renuevan hace 20 años y hasta el hospital de Zamácola ha quedado a medio construir.


INVESTIGACIÓN
No todo es malo en el plan anual de adquisiciones de la UNSA. Al menos para este año se comprarán equipos para investigación y desarrollo por un monto de un millón 109 mil 135 soles. Ya se han iniciado algunas licitaciones públicas para los programas de ingenierías. La UNSA tiene una asignación especial que proviene del canon minero, exclusivamente para la compra de equipos que fomenten la investigación.

***RECUADRO****
Pasajes de distribución gratuita S/. 127. 000
Servicio de consultoría S/. 141. 571
Pasajes y gastos de transporte S/.164. 865
Viáticos y asignaciones S/. 770. 148
Vestuario S/. 196. 029
Servicios no personales S/. 4’ 545 561


(NOTA 2)

Rector reparte distinciones al por mayor
* El récord de Mamerto Cornejo Cuervo

Vistaprevia/Hugo Mendoza Ch.

Finalizó 2006 entregando 22 distinciones. El promedio del actual rector de la UNSA, Mamerto Rolando Cornejo, es de 27 distinciones por año.
Su afán de condecorar a cuanta personalidad llega a la ciudad, lo ha llevado a batir un récord.
Si en 2003 fueron 19 condecoraciones, dos Doctorados Honoris Causa (entre ellos Henry Pease García), ocho profesores eméritos y nueve profesores honorarios, 2005 superó con 34 distinciones, 10 Doctorados Honoris Causa y 21 Profesores Honorarios.
El Doctor Honoris Causa es un título honorífico que se concede a personas eminentes. Esta designación se otorga principalmente a personajes que se han destacado en ciertos ámbitos profesionales.
Entre los Doctores Honoris Causa de la UNSA figuran el ex presidente del Perú, Alejandro Toledo y Aníbal Torres Vásquez, miembro del Consejo Nacional de la Magistratura.
Este año, el pasado 8 de marzo se condecoró a Beatriz Merino, defensora del Pueblo y Adelaida Bolívar, fiscal de la Nación. Todo en una ceremonia por de más ostentosa que también significa un considerable gasto a la universidad.¿Qué gana o pierde la universidad con tantas distinciones? Por lo visto en los últimos años, sólo satisfacen la vanidad del Rector.























Peligro de consumir azucar

Un dulce peligro
para consumir

* Se vende azúcar en bolsas de rafia, acopiada manualmente sin registro sanitario. Usuarios están expuestos a sufrir enfermedades.

Vistaprevia/Hugo Mendoza Ch.
El peligro ahora viaja en bolsas de 50, 20 ó 5 kilos. El azúcar que consumimos día a día está siendo sometido a una serie manipulaciones. No sólo por comerciantes de los pequeños mercadillos, sino también por autoservicios como El Súper en plena Plaza de Armas.
Resulta que algunas empresas azucareras han optado por vender sus productos en bolsas de polipropileno (rafia) y no en bolsas de papel que es lo recomendado por norma. Según el departamento de Higiene Alimentaría y Zoonosis de la Dirección Regional de Salud Arequipa (DIGESA), el azúcar es un producto susceptible a cualquier tipo de contaminación.
La empresa azucarera Chucarapi, desde octubre del año pasado (cuando se inició el conflicto) está vendiendo azúcar en bolsa de polipropileno pese a las disposiciones de DIGESA.
Pero las empresas azucareras extranjeras como Pichicha (Colombia), San Aurelio (Bolivia) o venezolanas son las que mayormente infringen la norma. Estos productos son traídos como contrabando y no se sabe en qué condiciones llegan a nuestra ciudad.

DULCE INFORMALIDAD
Así como el autoservicio El SÚPER, otros centros comerciales han buscado una nueva modalidad para vender este producto. Resulta que de los 50 kilos que contiene el saco de azúcar, han sacado pequeñas partes de 20, 10 ó 5 kilos y las han embolsado para su venta sin ninguna precaución.
Según la jefa del Departamento de Higiene Alimentaría y Zoonosis, Emilia Aro Retamozo, está prohibido empacar en pequeñas proporciones y vender a los usuarios,
“No se puede vender azúcar embolsada en pequeñas partes a menos que tenga registro sanitario y según las inspecciones ninguno cumple con este requisito”, anotó.
Asimismo, dijo que manipular el azúcar es un atentado contra la salud pública. “Se trata de un producto de consumo directo y que está expuesto a sufrir contaminación de tres tipos, la física (piedras hongos), química (líquidos contaminantes) y biológica (hongos insectos y polillas), que atentan directamente contra la salud de los usuarios, incluso pueden causar enfermedades”, refirió.
El azúcar refinada debe ser embolsada inmediatamente después de obtener los cristales enfriados y secos, o almacenada en atmósferas controladas con humedad relativa muy baja (0,05%).
En EL SÚPER, el producto es embolsado en el mismo lugar, como también ocurre en los mercadillos de las avenidas Los Incas, Andrés Avelino Cáceres, calle 2 de Mayo, entre otras. Esas bolsas de cinco kilos no tienen registro sanitario.

VISTAZO
El azúcar compone cerca del 1.4% de la canasta básica familiar. En Perú se consumen entre 880.000 TM y un 1'000.000 TM anuales, pero las diez empresas productoras del país sólo produjeron 750.000 TM.

Sunat

“La SUNAT no
da facilidades”

Vistaprevia/Hugo Mendoza

El presidente de la Comisión de Producción de MYPES del Congreso, Daniel Abugattas, habla sobre el sector que mayor dinámica le da a la economía nacional.

¿Cuáles son las medidas administrativas y legales que debe tomar el gobierno para impulsar el desarrollo de las PYMES?
– Las administrativas pasan por la simplificación de los procedimientos exigidos a las personas que quieren establecer sus propios negocios. Todavía falta reducir a lo largo de estos trámites. Algunas veces pienso inclusive que SUNAT es un organismo que no da las facilidades del caso. Por lo general los trámites son un verdadero vía crucis.
¿Qué pretende la nueva Ley Marco de la Pequeña y Microempresa?
– Con esta ley podrán ingresar al mercado con todas las facilidades y lograrán crecer, no sólo accederán a la formalización, sino que tendrán un Registro Único para obtener su permiso. Los trámites durarán un promedio de 40 días a través de una ventanilla única que funcionará en el Ministerio de Trabajo.

¿Qué posibilidades tienen las PYME de exportar?
– Las PYME tienen calificación en cuanto a producto para exportar, su limitación es que deben hacer consorcios de exportación. Un pedido de Estados Unidos en el área de confección habla de miles de prendas y eso no lo puede atender una PYME o un pequeño número de ellas.

¿Cuánto ha crecido el sector de las PYME?
– No se tiene datos exactos, pero podemos afirmar que el crecimiento se ha duplicado. Lo que preocupa es que exista un 70% de informalidad que involucra a más de un millón y medio de ellas.

¿Cómo debe fomentar la formalización?
– Se va a formalizar mediante la Ley del Fomento y Desarrollo de la Empresarialidad que contempla la Nueva Empresa, que es una tercera vía para entrar al mercado. Asimismo, esta ley permite la exoneración del Impuesto a la Renta (IR) por dos años, lo cual permitirá la formalización de las empresas.
¿El TLC beneficiará a las PYME?
– Permitirá incrementar sus montos exportados, pues hasta el momento si bien constituyen cerca del 85% del total de las empresas exportadoras, el monto es mínimo por lo que considero que existe un gran techo por delante.

UNSA

Abandono y basura
en hospital UNSA

* Lleva más de 10 años sin estar en funcionamiento

Vistaprevia/Hugo Mendoza

La obra luce como un paciente convaleciente, sobre todo en la parte posterior. El hospital de la Universidad Nacional de San Agustín, está rodeado de basura, escombros y olvido.
Han pasado más de 10 años y la infraestructura física de este nosocomio, ubicado en Zámacola, no ha sido puesta en funcionamiento. La autoridad universitaria la ha dejado en abandono.
Lo único que han hecho es mejorar parte de la jardinería para que el hospital no luzca tan abandonado. Pero en la parte posterior, hay un descampado que ha sido convertido en un basural y foco infeccioso.
“Mil veces hubiésemos preferido que urbanicen esta zona antes de tener una obra abandonada que no sirve para nada y encima se convierte en foco de infección”, comentó una vecina de la zona.
Algunas barras de metal del enrejado del hospital han sido robadas a pesar de que hay cuidantes, pero la infraestructura es tan amplia que no pueden estar pendientes de todo el área.
Lo que se pensó sería un moderno hospital, con el paso del tiempo es un verdadero “elefante blanco”.
El presidente regional, Juan Manuel Guillén Benavides, en cuyo período como rector se realizó la construcción del hospital, ha señalado que está decidido a ponerlo en funcionamiento, para lo cual trabajará conjuntamente con el rector de la UNSA, Rolando Cornejo Cuervo.
Desde que Cornejo es rector, ha prometido año tras año equipar el hospital y ponerlo al servicio de la población del cono norte de la ciudad, sin embargo, no lo efectivizó.
Con la Facultad de Medicina, la UNSA tiene a su disposición el personal capacitado para atender en el hospital. Actualmente tiene operativo el centro médico Pedro P. Díaz
en Paucarpata y los estudiantes esperan que el de Zamácola pronto esté en actividad.
La Universidad Católica de Santa María, ya puso en funcionamiento su policlínico en el Cono Norte. La construcción la hicieron en menos de un año a diferencia de la UNSA, que ya lleva más de diez sin poder concluir su nosocomio. La gestión de Cornejo Cuervo se dio el lujo de mantener un equipo de fútbol profesional, destinando cuantiosas sumas de dinero que bien pudieron ser empleadas para concluir el hospital.

lunes, 12 de marzo de 2007

Gabriel Garcia Márquez

Gabriel García Márquez
¡Mande a los editores a la mierda!
Boris Muñoz *

Primero dijo que nada de entrevistas. Después dijo quince minutos. Después postergó dos veces esos quince minutos. Pero finalmente Gabriel García Márquez se rindió al asedio y concedió a Página/12 este reportaje exclusivo en Manhattan, en el cual habla de su rutina cotidiana cuando escribe, de las mediocridades del periodismo actual y de sus múltiples tareas “invisibles” como operador político entre Estados Unidos y los países de América latina. Sin privarse de retar a su entrevistador cada cinco minutos por las preguntas que debe contestar.
El mensaje terminante fue enviado con un amigo personal, luego de una semana de cartas infructuosas:
–Dile que, si es un verdadero periodista, él sabrá qué tiene que hacer.
Desde las nueve y media de la mañana, el periodista novato esperaba pacientemente sentado en un sofá del lobby del Hotel Mark. La voz en el teléfono de la habitación le había dicho: “Salió temprano. Usted sabe que se la pasa de agasajo en agasajo”. Pero algo le decía que estaba ahí, en su habitación, leyendo tranquilamente los diarios colombianos, que un hombre con bigotes de charro mexicano acababa de alcanzarle.
A las once y media el veterano Premio Nobel salió del ascensor y caminó hacia la puerta del hotel sin mirar a los lados y con el paso rápido del que no quiere ser descubierto. Iba abrigado con un saco de cachemira negro y, debajo, un suéter deportivo que dejaba ver el cuello de una camisa blanca con rayas negras. Unos diminutos lentes oscuros –redondos, de montura antigua– ocultaban sus ojillos de aceituna negra. La forma de vestir y los inesperados anteojos generaban un perfecto contraste con la celebérrima cabeza de rulos color ceniza y los bigotes de leche. Al borde de la puerta se detuvo. Por fin, después de todo: ahí estaba García Márquez. Era el primer día de un otoño resplandeciente y en las calles de Nueva York hacía un frío que calaba los huesos. El periodista novato dijo:
–Señor García Márquez. Mucho gusto. Lo estoy buscando para hacerle una entrevista.
–¿Para qué me quiere hacer una entrevista? En Latinoamérica hay una magnificación viciosa de la entrevista. Creen que todo el periodismo se reduce a la entrevista. No entienden que la entrevista tiene sentido sólo cuando el entrevistado tiene algo que decir. Y yo no tengo nada que decir. Es mejor que no pierda su tiempo conmigo –dijo buscando con la vista la enorme limusina plateada que lo transportaba a lo largo y ancho de la Gran Manzana.
Controlando su estado de nervios, el periodista novato se atrevió a responder:
–Usted sabe cuál es la misión de un entrevistador.
–Yo nunca en mi vida he escrito una entrevista. Puede buscar en todo lo que he escrito y, si encuentra una entrevista mía, tráigamela que se la compro. Cuando trabajaba como reportero me iba a los lugares, observaba muy bien a su gente, tomaba algunas notas en una libreta y al volver escribía todo, recreando la situación de memoria. Vamos a tener que invitarlo a los talleres de la Escuela de Periodismo para que aprenda algunas cosas del oficio.
–Pero los editores...
–Los editores –dijo elevando su dedo índice hacia el cielo– mándelos a la mierda.
–¿A la mierda? ¿Cómo?
–Bien lejos, a la mierda. Usted no tiene que hacer lo que quieren los editores. –Acto seguido, García Márquez miró su muñeca y se dio cuenta de que había olvidado su reloj en la habitación–. Mire, es muy tarde. Tengo una cita a las once y media y olvidé mi reloj por el apuro. ¿Usted conoce el significado de la palabra ocupado? Yo soy una persona ocupada y lo que menos me gusta es que me pongan en situación de decir que no. No me gusta que me obliguen a decir no.
Todo esto dicho sentenciosamente, mientras tomaba al novato periodista por el brazo y caminaba hacia la limusina.
–Pero usted sí tiene cosas que decir. La semana pasada se reunió con el presidente Clinton. Y el problema de la desertificación de Colombia, en el asunto drogas...
–Mi reloj... voy a llegar tarde. Vamos a hacer algo: espéreme aquí en el hotel. Cuando vuelva, hablamos quince minutos. No sé por qué no entienden que uno es una persona ocupada –alcanzó a oír el periodista novato, mientras la cara de García Márquez desaparecía tras el cristal oscuro de la limusina. Antes de arrancar, el chofer (el mismo hombre con bigotes de charro mexicano que dos horas antes le había hecho llegar a la habitación 1451 los diarios del día) salió del auto con un mensaje: “El maestro García Márquez le manda decir que no se vaya”.
LA ALEGRIA DEL GABO
El periodista novato volvió al mismo sofá donde había estado desde las nueve y media. El lobby del hotel parecía la trastienda de un mercado de puerto, donde empleados y turistas pasaban de un idioma a otro en sus monólogos superpuestos: del francés al inglés, del español al árabe, del alemán a un dialecto de la India. Después de cuatro horas, el conserje del hotel, un argentino con destrezas políglotas, se atrevió a expresar su solidaridad al periodista novato: “No se preocupe, tenga paciencia que los inmortales se hacen esperar”.
Era la una y media cuando la limusina se detuvo nuevamente frente a las puertas del hotel. Casi al mismo tiempo salió de uno de los ascensores Mercedes Barcha, la sabia esposa de siempre y quizás el más famoso de los personajes de la vida de García Márquez. Caminaba con el mismo afán de invisibilidad de su marido, pero con paso aún más rápido. En un segundo desapareció tragada por una de las puertas de la inmensa ballena blanca con ruedas. Un momento después apareció García Márquez, calzándose en la muñeca el reloj que había olvidado en su habitación, y dijo:
–Llevo dos horas angustiado pensando que usted está aquí esperándome. Me tuve que quedar más tiempo en el sitio donde estaba y ahora voy saliendo a almorzar. Venga a las cuatro en punto y hablaremos quince minutos. Sólo quince minutos, porque tengo que salir volando al aeropuerto. Pero sepa que así no es la cosa. Así no se hace periodismo. La entrevista no es esto. La mejor entrevista que yo he leído en mi vida fue la que trató de hacerle Gay Talese a Frank Sinatra. ¿Quiere que le cuente?
–Por favor.
–Sinatra citó a Gay Talese en un hotel de Las Vegas. Cuando Talese llegó, a Sinatra no se le ocurrió nada mejor que enfermarse. Durante una semana estuvo Gay Talese tratando de entrevistar a Sinatra y durante una semana Sinatra canceló encuentro tras encuentro. Eso es la entrevista de Talese: la historia de cómo no pudo entrevistarlo durante toda esa semana. Es la mejor entrevista que he leído. ¿Sabe cómo se llama? “La gripe de Sinatra”.
Ahora son las 3.55. El periodista novato está sentado en el mismo sofá que al principio. Ha revisado mil veces la lista de preguntas. Ha chequeado el funcionamiento del grabador. Se siente sin duda listo, aunque un poco agotado física y mentalmente por las horas de espera. García Márquez y su esposa irrumpen en el hotel. Antes de abordar el ascensor, Mercedes le recuerda a su esposo: “Gabo, no te tardes, recuerda que te estamos esperando arriba”. García Márquez toma asiento y mira su reloj una vez más.
–Bueno, ¿de qué vamos a hablar?
–Un segundo. Voy a encender el grabador.
–¡Ah, no, nada de grabadoras! La grabadora es la culpable de muchos de los problemas y desviaciones del periodismo actual. Si quiere, tome notas. Pero, por favor, guarde la grabadora. Cuál es la primera pregunta.
–A dos años del siglo XXI, ¿cómo ve usted la situación de América latina? Pobreza, drogas, violencia, corrupción... ¿seguiremos siendo un callejón de sueños sin salida?
–Sí. Seguiremos siendo un callejón de sueños sin salida. Así será.
–¿Lo dice de verdad?
–¿Qué quiere que le diga? Para contestar a esa pregunta hacen falta tantas horas que el producto de la conversación alcanzaría para llenar una enciclopedia de cuatro tomos. Siguiente pregunta.
–Desde hace algunos años la enseñanza del periodismo ha sido un interés central en su trabajo intelectual. ¿Por qué le preocupa tanto el periodismo? ¿Cuál es el papel que le asigna en la actualidad y en el futuro de Latinoamérica?
–Cada día nos olvidamos más de la ética. Las escuelas de periodismo enseñan todo lo que tiene que ver con el periodismo, menos el oficio. El reportaje, que es el género que amo, ha sido degenerado a la entrevista. El reportaje es la reconstrucción de un hecho tal y como sucedió en todos sus detalles. Y eso es cada vez menos frecuente en el periodismo: cada vez hay menos reportajes y reporteros en Latinoamérica.
–Pero se publican buenos reportajes en todos los países de América latina, y además, hay también excelentes especialistas en reportajes.
–Nómbreme uno.
–Sin ir más lejos en Colombia están Germán Castro Caycedo y Mauricio Vargas. Y aquí está Alma Guillermoprieto...
–Ah, pero usted me está haciendo trampas. Me está nombrando a los buenos, y ésa no es la regla sino la excepción.
–Pero el problema del periodismo no es responsabilidad exclusiva de los periodistas y las escuelas, sino también de una concepción contemporánea de los medios de comunicación.
–Los periódicos han priorizado el equipamiento material e industrial, pero han invertido muy poco en la formación de los periodistas. La calidad de la noticia se ha perdido por culpa de la competencia, la rapidez y la magnificación de la primicia. A veces se olvida que la mejor noticia no es la que se da primero, sino la que se da mejor. En otros casos, se le pide al periodista que escriba un reportaje y luego llega una publicidad y el reportaje se ve reducido a una columna. Lo que creo es que debemos volver a la vieja manera del oficio. Eso es lo que tratamos de meterles en la cabeza a los periodistas que van a Cartagena. Llevamos a periodistas de mucha trayectoria para que les hablen a los jóvenes desde su experiencia directa en los medios. La ética y el oficio son los ingredientes principales.
–Al leer sus crónicas recogidas en Textos costeños sorprende la naturalidad con que asumió el oficio de periodista. La crítica habla mucho de cuáles fueron sus influencias literarias pero poco o nada de sus influencias periodísticas.
–Es muy sencillo. El reportaje era para mí un género literario. Yo llegué al periodismo con vocación y aptitudes de escritor. Lo que hice fue aplicar al periodismo las mismas técnicas de la literatura. No hay otro secreto que ése. ¿Está tomando notas?
–Lo estoy grabando... Con la mente, no con el grabador, no se preocupe.
García Márquez no contesta, pero mira su reloj, y el periodista novato se apresura a pasar a la pregunta siguiente.
–Este año se cumplen cincuenta años de la publicación de su primer cuento, treinta de Cien años de soledad, quince del Premio Nobel. ¿Se ha detenido a pensar por un momento qué significa esto? En sus años de La Cueva de Barranquilla, ¿sospechó alguna vez que todas estaban grabadas en la palma de su mano?
–No tenía nada grabado en la palma de mi mano. Yo sabía cómo y qué quería hacer, y lo hice contra viento y marea. Quería contar historias reales o ficticias y siempre lo supe. Nunca he ganado un centavo sin la máquina de escribir. Nunca me dejé seducir por algo que no fuera lo que yo quería hacer: contar historias en el periodismo, la literatura o el cine. Lo de la fama, las ventas de libros y el dinero vino después de que hice muchos reportajes que nadie leía y escribí algunos libros que nadie compraba. He sido feliz, y el secreto de la felicidad ha sido hacer siempre sólo lo que me gusta hacer: contar historias.
–Usted, que es mediador entre Washington y La Habana, ¿cómo ve en este momento las relaciones bilaterales? ¿Será posible un cese al bloqueo antes del año 2000, algo así como un borrón y cuenta nueva?
–Esa me parece una afirmación alegrona.
–¿Cuál?
–La de que yo soy mediador entre Cuba y Estados Unidos.
–Pero usted ha tenido varias reuniones con el presidente Clinton y es, además, amigo personal y cercano de Fidel Castro. Si no me equivoco, ha estado muy activo en los trámites de devolución del Canal de Panamá por parte de Estados Unidos. Y hace algunos años intervino para solucionar la crisis de los balseros cubanos...
–Nunca he sido mediador. Esa palabra es incorrecta.
–Al menos sí ha sido un observador...
–Observador sí, pero no mediador.
–Como observador, ¿considera usted que es posible poner fin al bloqueo?
–No lo sé. Lo único que sé es que ése es un bloqueo injusto y sin derecho. Tiene casi cuarenta años y no les ha servido para nada. El bloqueo de Estados Unidos sobre Cuba es un gran fracaso. Desde hace mucho tiempo. Cuba lo quiere tumbar, pero no hay señales del otro lado. A partir del día en que termine el bloqueo, la situación de los dos países fluirá instantáneamente. De eso sí estoy seguro.
–Dicen que hay dos tipos de escritores: aquellos para los cuales la literatura es una esposa y aquellos para quienes es una amante. ¿En cuál bando se ubicaría usted?
–¿Quién dice eso?
–Me dijeron que lo dijo Carmen Balcells, su editora.
–Se equivoca, Carmen Balcells no es mi editora, es mi agente literario.
–Perdón, su agente literario. Pero ¿en cuál bando se ubicaría?
–Las mejores esposas son siempre las grandes amantes. La literatura es mi esposa, mi amante, mi tía, mi hija y mi abuela.
–Si tuviera que contar una historia de amor en este momento, ¿cómo sería?
–Ya la he contado.
–El amor en los tiempos del cólera, por supuesto. Pero si tuviera que contarla en este momento...
–La contaría igual. Sólo que esta vez, en lugar de narrar su vida hasta los setenta años, la narraría hasta los noventa.
–Todo escritor tiene una historia que siempre ha querido escribir y que tal vez nunca escribirá. En su caso, ¿cuál es esa historia?
–Me surgen ideas a cada rato. Pero no tomo notas, porque si tomo notas les presto más atención a las notas que a la historia. Muchas de las ideas se van, otras siguen dándome vueltas. Las que resisten esa prueba son las que escribo. La historia, cuando es buena, se impone por sí misma.
–¿Y cómo ve el amor en este momento?
–Igual que a los quince o dieciocho: como la cosa más maravillosa sobre la Tierra.
–Usted ya no tiene quince ni dieciocho. ¿No ha cambiado el tiempo su ideal del amor?
–No crea que hay tanta diferencia. Como dice un amigo mío, que tiene ochenta años: el índice de mortalidad infantil es muy elevado, mientras las tasas de longevidad crecen día a día. El amor mueve con la misma fuerza a cualquier edad.
–Es cierto. ¿Se enamora usted todavía? ¿Se ha vuelto a enamorar?
–Y qué tal si yo le dijera que eso pertenece a mi vida privada. ¿O usted es un paparazzo?
–¡He estado esperándolo en la misma silla del lobby de este hotel hace ocho horas, y con su autorización!
–¿No será un paparazzo de esos que buscan detrás de la vida de la gente para...? –siguió García Márquez, ignorando al periodista novato, y desenredando el aire con los dedos, como si su mano nadara en una piscina imaginaria.
–No, no soy paparazzo. Soy estudiante y periodista. ¿Qué hace en el momento justo antes de sentarse a escribir?
–He logrado una rutina. Me despierto a las cinco de la mañana. Leo en la cama entre las cinco y las siete. A las siete me levanto, me baño y tomo el desayuno. Después me visto, como un empleado de banco que va a la oficina, y me siento a escribir. Escribo siempre vestido, nunca en pijama. Apenas me siento, reviso lo que hice ayer y continúo escribiendo lo que estaba haciendo. Porque al terminar el día anterior ya sabía por dónde seguir. Es una rutina que cumplo todos los días, no importa dónde esté, pues no sufro de bloqueos ni del terror a la página en blanco. Trabajo siempre hay y muchísimo.
–Entonces, ¿cuál es su mayor problema al escribir?
–El mayor problema es saber cuándo uno se miente a sí mismo. Porque cuando te mientes a ti mismo le mientes al lector, y la mentira es algo que el lector nunca perdona.
–¿Se ha descubierto mintiéndose a sí mismo?
–Todos los días. A veces estoy escribiendo y me detengo y me digo: “Mmm, por aquí no es la vaina. Esto no me suena”. Entonces vuelvo atrás y empiezo de nuevo. Hay que tener cuidado, porque mentirse a uno mismo es lo más peligroso que hay para un escritor.
–¿Sigue preguntándose cada mañana frente al espejo quién es y cuál es su lugar en el mundo?
–Nunca me he preguntado quién soy, porque siempre lo he sabido. Soy el hijo del telegrafista de Aracataca. Por cierto, ¿de dónde sacó eso?
–Lo leí en una crónica de Fernando Quiroz que cuenta las rutinas de Gabriel García Márquez.
–Nunca en mi vida he hecho frente al espejo algo distinto de lo que hacen las demás personas. Lo que pasa es que Fernando tiene mucha imaginación y, por supuesto, derecho a usarla.
–Entre Relato de un náufrago y Noticia de un secuestro hay cuarenta años de distancia. ¿Cómo juzga el veterano escritor Gabriel García Márquez al reportero novato, feliz e indocumentado que recogió el testimonio de aquel sobreviviente?
–No entiendo.
–¿Piensa que el reportero novato que escribió Relato de un náufrago hubiera podido escribir Noticia de un secuestro?
–Sí, pero hubiera necesitado los tres años de dedicación absoluta que me tomó a mí Noticia de un secuestro. Relato de un náufrago se escribió en los mismos catorce días que duró el naufragio. Entrevistaba al náufrago por la mañana y durante el resto del día escribía artículos y editoriales. Tenía una presión bárbara. En Noticia de un secuestro tuve todo el tiempo del mundo para investigar y verificar los datos. Mi amigo Antonio Caballero dice que el libro es un reportaje en todo, excepto en una cosa: la falta de presión del cierre que define al reportaje como género. Si tuviera que escribir hoy Relato de un náufrago, lo escribiría igual. Y creo también que, si aquel joven que lo escribió hubiera tenido tiempo y dinero, habría podido escribir Noticia de un secuestro.
–Pero aquel periodista sin la fama y el prestigio de los que goza usted hoy en día no hubiera podido acceder al poder de la misma forma que usted lo hizo.
–No creas. Los periodistas siempre han tenido el poder de llegar al poder. Es cierto que antes era más fácil que hoy en día hablar con un presidente. Pero claro, muchos de los presidentes con los que tengo que hablar son menores que yo. Y eso sin duda me da una ventaja a la hora de llegar a ellos.
–¿Cuál es la frontera que separa al periodismo de la literatura?
–La realidad es el límite. La literatura es, para usar una expresión de nuestra época, la realidad virtual. Pero hay que ser verosímil en los dos campos. La diferencia es que en el periodismo, además, hay que ser fiel a los hechos.
–Le hago esa pregunta porque hay un texto suyo que aparece en un libro como crónica y en otro como cuento.
–¿Qué texto?
–Se llama “Cuento de horror para la noche vieja” y relata su visita y la de su familia a un castillo de Miguel Otero Silva, ubicado en la Toscana. El castillo estaba habitado por fantasmas. Si mal no recuerdo, usted contaba que había dormido en una habitación de la planta baja pero a la mañana siguiente se despertó con su esposa en el segundo piso y en la misma cama donde el antiguo dueño del castillo había matado a su amante. Ese relato aparece como cuento en Doce cuentos peregrinos y como crónica en Notas de prensa: 1980-1984.
–¡Ah, pero eso no es periodismo! Son notas de prensa... y no sólo esa historia, sino todo el libro está lleno de fantasmas. Además, voy a confesarle algo, todo lo que cuento allí ocurrió en verdad. Es una lástima que Miguel Otero Silva no esté aquí para verificarlo.
–Por cierto, ¿qué está escribiendo actualmente?
–Estoy escribiendo tres historias cortas. Bueno, no tan cortas: de unas 200 páginas cada una. Son historias que quería escribir antes de Noticia de un secuestro. Estaban en la cola, pero sólo ahora he podido entrarles de frente. Pero no se preocupe por escribir esto: no es una primicia. Ya ha sido publicado en todo el mundo y en todos los idiomas.
–¿De qué tratan?
–Son historias de amor entre personas con grandes diferencias de edad.
–¿Una mujer muy joven con un hombre muy viejo?
–Una mujer mayor con un hombre joven.
–¿Podría contar algo más?
–No puedo porque se me empavan.
–¿No es cierto que una de esas historias es el relato de una mujer que todos los años va a una isla a visitar en un cementerio los restos de su madre, y que en esos viajes le es infiel a su marido con un hombre distinto cada vez?
–¡Cómo supo eso!
–Usted mismo lo contó ante una audiencia de estudiantes en la Universidad de Georgetown, en Washington.
–Ah, sí... Pero lo que conté no tiene nada que ver con el resultado final de la historia. En realidad, conté una cosa distinta de la que estoy escribiendo. Esa es una técnica que tengo para probar las historias, que me permite ver las reacciones de la gente: saber qué están pensando, cómo sienten un argumento, si lo que les cuento los hipnotiza.
–¿Escribe doble, entonces?
–Alvaro Mutis, quien siempre lee primero que nadie lo que escribo, a veces me dice, cuando le llevo la versión final de un texto: “Ah, pero tú sí que eres cabrón; esto no fue lo que me contaste”.
–Hay una película que trata de dos amantes que se reúnen una vez al año en una isla, secretamente, para amarse. Los amantes son Jack Lemmon y Shirley Mac Laine, la película se llama El año que viene a la misma hora.
–Los actores son Alan Alda y Ellen Burstyn y no hay ninguna isla. Como ve, conozco la película. Pero en estos tiempos sabemos que no es la originalidad lo importante, sino la manera de contar la historia. Antígona y Prometeo... Cada siglo se vuelven a escribir los grandes mitos de la antigüedad griega porque son historias inmortales.
–Vuelvo a la primera pregunta de este reportaje: a dos años del siglo XXI, ¿cómo ve la situación de América latina?
–Lo único que me interesa es que Latinoamérica vaya adelante y no para atrás. Estamos en busca de la felicidad. Pero por favor no me pongas a hacer teoría política porque hace tiempo que nadie cree en ella, y en estos días nadie sabe qué se debe y qué no se debe hacer. La única certeza es que los latinoamericanos estamos en busca de la sociedad feliz.
–Una pregunta más. ¿A qué se debe que los escritores, pese a todas las debacles, sigan conservando el prestigio y autoridad que los políticos y los otros líderes de la sociedad han perdido?
–Un buen escritor, un buen artista, logra perpetuarse cuando se identifica plenamente con determinada realidad, cuando es un personaje de su lugar y su tiempo...
–“Yo soy yo y mi circunstancia”, como decía Ortega y Gasset...
–Eso lo dice usted, no yo. Usted está interpretando lo que yo digo. Yo no citaría ese ejemplo.
–¿A quién citaría?
–A Dante, Cervantes y Juan Rulfo. Me están esperando arriba desde hace rato –dijo García Márquez mirando el reloj por última vez.
–Una pregunta más.
–Hace una pregunta me dijiste “una pregunta más”, y con ésta son dos. Recuerda: lo más difícil de una entrevista no es saber por dónde empezarla sino dónde terminarla.
–¿Cómo se ve a sí mismo en este momento?
–Más simpático y más guapo que nunca.
Parecía un final jocoso, pero tenía a la vez algo solemne. Los dos personajes se levantaron de sus asientos y se estrecharon las manos en señal de despedida. Eran las 4 y 40 de la tarde: los quince minutos establecidos se habían multiplicado por tres. Un poco confundido, el periodista novato volvió a su asiento para poner las cosas en su sitio, mientras García Márquez permanecía infinitos segundos de pie con las manos en los bolsillos de su saco de cachemira negro, como esperando un ascensor invisible. No se miraban, aunque tampoco se decidían a moverse. Por fin, García Márquez volvió a extender la mano:
–Ahora sí me tengo que ir.
–Nos volveremos a ver.
–Bueno, pero no hoy, ¿verdad?
* Boris Muñoz es periodista e investigador venezolano. Esta entrevista se publicó el 19 de octubre de 1997 en el diario argentino Página/12

martes, 6 de marzo de 2007

Oriana Fallaci

Oriana Fallaci: ‘Nuestro primer enemigo no es Bin Laden ni Al Zarqaui, es el Corán, el libro que los ha intoxicado’

Si bien comencé reproduciendo los artículos de Oriana Fallaci con motivo del quinto aniversario del 11-S, acontecimiento tras el cual los escribió, su muerte, hoy, me da un nuevo motivo para no dejar caer en el olvido sus palabras.
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ANDRZEJ MAJEWSKI. Especial para EL MUNDO
Polémica y beligerante, desgarradora y sincera, la periodista italiana Oriana Fallaci aprovecha sus ensayos y artículos para manifestar su honda preocupación por la amplia presencia en Europa de fieles musulmanes. En esta entrevista, realizada por un sacerdote católico que trabaja además en la televisión pública polaca, Fallaci insiste en la idea de que el Despertar del islam es el fin de Occidente.
Pregunta.- Los responsables de los atentados terroristas de Londres eran musulmanes nacidos en Gran Bretaña o ciudadanos ingleses.Por lo tanto, se podrían considerar ciudadanos europeos. ¿Cree que para defender nuestro continente y la civilización europea tenemos que expulsar a todos los musulmanes de Europa?
Respuesta.- Para comenzar, no son del todo europeos. No pueden considerarse europeos. O no más de lo que nosotros podríamos ser considerados islámicos, si viviésemos en Marruecos, en Arabia Saudí o en Pakistán, con el oportuno permiso de residencia o con la ciudadanía. Porque esta última no tiene nada que ver con la nacionalidad.
A mi juicio, incluso los que tienen la ciudadanía son huéspedes y nada más. O mejor dicho: invasores privilegiados. Además, una cosa es expulsar a los aprendices de terroristas o a los aspirantes a terroristas, a los ilegales, a los vagabundos que viven robando y trapicheando con droga o, incluso, a los imames que predican la guerra santa e incitan a sus fieles a masacrarnos, y otra cosa es expulsar indiscriminadamente a toda una comunidad religiosa.
Naturalmente, si quisiesen irse por su propio pie, no lloraría.Más aún, le pondría una vela a la Madonna. De hecho, ya lo sugería en el ensayo publicado recientemente en el Corriere della Sera, titulado El enemigo que tratamos como amigo. ‘¿Si somos tan estúpidos, tan tontos, tan despreciables y pecaminosos -escribía-, si nos odiáis y nos despreciáis tanto, ¿por qué no os volvéis a vuestra casa?’.
Pero deben estar bien aquí, porque no quieren irse. Ni siquiera lo piensan. Y aunque lo pensasen, ¿cómo llevarían a la práctica algo así? ¿Por medio de un éxodo parecido al de Moisés guiando a los judíos fuera de Egipto a través del Mar Rojo? Ya son demasiados.
Calculando sólo los que están en la Unión Europea, cerca de 25 millones, según los datos más recientes, calculando también los que están en los países que no forman parte de la Unión y en la ex Unión Soviética, cerca de 60 millones. Esta es su Tierra Prometida, ¿o no? Respeto, tolerancia. Asistencia pública, libertad en abundancia. Sindicatos y jamón, el despreciado jamón, vino y cerveza, el despreciado vino y la despreciada cerveza. Vaqueros y licencia para ejercer su prepotencia por doquier sin ser castigados ni recriminados ni llamados al orden (incluida la licencia de tirar los crucifijos por las ventanas). Protectores o colaboracionistas siempre dispuestos a defenderlos en los periódicos y a impedir su expulsión, aunque venga dictada por los tribunales. Querido padre Andrzej, es demasiado tarde ya para pedirles que vuelvan a su casa. Habríamos tenido, habrían tenido que pedírselo hace 20 años. Pero en cambio, los hemos dejado entrar, en nombre de la piedad y del pluriculturalismo, de la civilización y del modernismo, aunque en realidad gracias a cínicos acuerdos euro-árabes de los que hablo en mi libro La fuerza de la razón, peor aún; tras haber descubierto que no les gustaba ya hacer de proletarios, recoger los tomates, trabajar en las fábricas, limpiar nuestras casas y nuestros zapatos, les llamamos. ‘Venid, queridos, venid, porque tenemos tanta necesidad de vosotros…’, y ellos vinieron.A cientos, a miles.
Y qué le vamos hacer si, muchas veces, en vez de personas deseosas de labrarse una vida digna trabajando, nos encontramos a menudo con vagabundos. Vendedores ambulantes de inutilidades, dispensadores de droga y futuros terroristas. O terroristas ya entrenados y entrenándose. ¡Y qué le vamos a hacer si desde el momento en que desembarcan nos cuestan un riñón! Comida y alojamiento. Escuelas y hospitales. Subsidios mensuales. Y qué le vamos hacer si nos llenan de mezquitas. Y qué le vamos a hacer si se adueñan de barrios enteros e, incluso, de ciudades enteras. Y qué le vamos a hacer si, en vez de mostrar un poco de gratitud y un poco de lealtad, pretenden incluso el derecho al voto que, pasándose la Constitución por el forro, le regalan los partidos de izquierdas.Y qué le vamos a hacer, si para proteger la libertad, por culpa suya tenemos que renunciar a algunas libertades. Y qué le vamos a hacer, si Europa se está convirtiendo o se ha convertido ya en Eurabia.
Querido padre Andrzej, no sé qué es lo que está pasando en Polonia. Pero en el resto de Europa, comenzando por mi país, no está sucediendo lo que pasó en Viena hace tres siglos. Cuando los 600.000 otomanos de Kara Mustafa pusieron sitio a la capital, considerada el último baluarte del cristianismo, y junto a los demás europeos (excepto Francia) el polaco Juan Sobieski los expulsó al grito de «Soldados, combatid por la Virgen de Czestochowa». No, no. Aquí está pasando lo que pasó, hace más de 3.000 años, en Troya, cuando los troyanos abrieron las puertas de la ciudad y condujeron dentro el caballo de Ulises. Despreciada como una Casandra a la que nadie escucha, hace años que repito sin cesar la misma canción: ‘Arde Troya, arde Troya’. Y hoy, todas nuestras ciudades y pueblos arden de verdad. ¿Exiliar? ¿A quién quiere exiliar? Hoy, los exiliados somos nosotros. Exiliados en nuestra propia casa.
P.- ¿Cómo cree que debería reaccionar el papa Benedicto XVI ante esta situación, siendo, como es, el jefe de la Iglesia Católica Apostólica Romana y líder de una religión que predica paz, no violencia y bondad?
R.- Mire, en mi ensayo El enemigo que tratamos como amigo, en un momento determinado me dirijo directamente a Ratzinger reprochándole lo que le reprochaba a Wojtyla. El diálogo con el islam. ‘Santidad -le digo-, ¿cree realmente que los musulmanes aceptan dialogar con los cristianos, incluso con las demás religiones o con los ateos como yo? ¿Cree realmente que pueden cambiar, revisarse y dejar de sembrar bombas?’. Y ahora añado: El terrorismo islámico no es un fenómeno aislado, un hecho en sí mismo. No es una iniquidad que se limita a una minoría exigua del islam. (En cualquier caso, una minoría nada exigua. Se calcula que, en Europa, dispone de 40.000 terroristas dispuestos a sacrificarse. Y no olvidemos que detrás de cada terrorista hay una organización concreta, una excelente red de contactos, un océano de dinero. Ergo, ese número de 40.000 hay que multiplicarlo al menos por cinco o por 10).La ofensiva global ideada por Jomeini
El terrorismo islámico -prosigue Fallaci- es sólo un rostro, un aspecto de la estrategia adoptada en tiempos de Jomeini (en los días de los cínicos acuerdos euro árabes) para poner en marcha la ofensiva global llamada el Despertar del islam. Un despertar que, una vez más, pretende acabar con Occidente, su cultura, sus principios y sus valores. Su libertad y su democracia. Su cristianismo y su laicismo. (Sí, señores, también con el laicismo. Quizás sobre todo con el laicismo. ¿Todavía no se han dado cuenta de que el laicismo no puede cohabitar con la teocracia?).
Un despertar, en definitiva, que no se manifiesta sólo por medio de las matanzas, sino también por medio del secular expansionismo del islam. Un expansionismo que, hasta el asedio de Viena, se producía con los ejércitos y las flotas de los sultanes, los caballos, los camellos y las naves de los piratas, pero que ahora se realiza por medio de los inmigrantes, decididos a imponernos su religión. Su prepotencia, su enorme capacidad prolífica.
Pues bien, el Papa lo sabe mejor que yo. Mejor que todos nosotros. El problema es que se encuentra en una situación dificilísima desde un punto de vista político y humano. Ante todo, por el hecho de estar al frente de una Iglesia que basa su credo en el amor y en el perdón. Una Iglesia que, en términos ecuménicos, predica el ‘ama a tu prójimo, por lo tanto también a tu enemigo como a ti mismo’.
Después, por el hecho de gobernar una inmensa comunidad que, respecto al islam, incluso en las filas de su jerarquía, está dividida, es decir, enrocada sobre posiciones opuestas. Piense en Cáritas que rescata a los ilegales e, incluso, los esconde. Piense en los Combonianos que con la bandera arcoiris sobre la sotana blanca les distribuyen simbólicos permisos de residencia. Piense en los sacerdotes que, en los altares de sus iglesias, permiten a los imames celebrar el matrimonio mixto y gritar Alá akbar, Alá akbar, (como pasó, por ejemplo, en Turín).
Y por último, al Papa le pesa el hecho de ser el inmediato sucesor de otro Papa, el papa Wojtyla, que fue el primero en hablar de diálogo. Que con el comunismo y con la Unión Soviética utilizaba el puño de hierro, pero con el islam utilizaba el guante de terciopelo.Que invitaba a los imames a Asís. Que recibía en el Vaticano al ex terrorista y magnate de terroristas, Yasir Arafat. Y que nunca condenó directamente a Bin Laden.
Pues bien, Ratzinger quería mucho a Wojtyla. ¿Cómo se puede pretender, ahora, que, una vez vestido de blanco, emprenda otro camino y rechace el sueño del diálogo? Y sin embargo, confío en Ratzinger, en Benedicto XVI. Es demasiado inteligente para no darse cuenta de que el Despertar del islam está en marcha como en la época del Imperio Otomano, y que con su fundamentalismo ha asumido los contornos de un nuevo nazismo. Que dialogar o ilusionarse con poder dialogar con un nuevo nazismo equivale a cometer el mismo error que la Inglaterra de Chamberlain y la Francia de Daladier cometieron en 1938. Cuando, creyendo poder dialogar con Hitler, Francia e Inglaterra firmaron el Pacto de Munich y, un año después, se encontraron con Polonia invadida por los nazis.
Es un hombre realmente razonable, Benedicto XVI. Mire cómo afronta, por ejemplo, el irresoluble problema de conciliar la fe con la razón. Se da perfectamente cuenta de que el laicismo ha perdido el tren en su relación con el islam. Han creado un vacío que alguien tiene que llenar. Por eso creo que, antes o después, él lo llenará. Eso significa recordar a la intransigencia de la fe que la autodefensa es legítima defensa. No un pecado. Significa sostener que, cuando es necesario, incluso un santo puede dar un puñetazo en la mesa. Comportarse como Jesucristo que pierde la paciencia en el Templo y tira los puestos de los mercaderes y quizás les lanza también un puñetazo a la nariz. Y a mi juicio, significa elegir bien a los aliados. Para mí, atea-cristiana (devota no, pero cristiana sí), el cristianismo no es sólo una filosofía de primera calidad, un pensamiento en el que inspirarme, una raíz de la que no puedo, no debo y no quiero prescindir.Es también un aliado. Un compañero de ruta. Por lo tanto, también lo es el que lo interpreta a su máximo nivel. El que lo representa.
P.- ¿Qué opina de la guerra contra el terrorismo, capitaneada en estos momentos por EEUU?
R.- Mire, padre Andrzej. Un mes antes de que estallase la guerra en Irak escribí para el Wall Street Journal y para el Corriere della Sera un artículo titulado La Rabia, el Orgullo y la Duda donde decía: ‘¿Y si Irak se convirtiese en un segundo Vietnam? ¿Y si de la derrota de Sadam Husein naciese una República Islámica de Irak, es decir, una copia de la República Islámica del Irán jomeinista? La libertad y la democracia no se pueden regalar como dos trozos de chocolate. Especialmente, en un país y en una sociedad, que ignora el significado de esos conceptos. La libertad hay que conquistarla. Quizás me equivoque, pero yo dejaría a los iraquíes cocerse en su propia salsa’.
No sabe qué es la democracia
¿Me equivocaba? -se pregunta la veterana periodista-. Me temo que no. Es verdad que me encanta ver a Sadam Husein caído de su trono junto a su banda. Me satisface pensar, aunque sólo sea con una migaja de esperanza, que aunque ignoren lo que es la democracia muchos iraquíes fueron a votar. Pero, visto el precio que están pagando y que estamos pagando, vistos los muertos que a ambos nos cuesta, sigo pensando que habría sido mejor dejarlos cocer en su propia salsa. En Irak, Estados Unidos se ha empantanado, como se empantanó en Vietnam.
Y por si eso no fuese suficiente, el Irán de Jomeini se ha quitado la máscara, imponiendo sus centrales nucleares y eligiendo como presidente al torvo individuo que en Teherán dirigió el secuestro de los americanos de la embajada de EEUU. El petróleo aporta mucho dinero, y, con la ayuda de Irán, la República de Irak se torna un fardo cada vez más pesado.
Dicho esto, es decir admitiendo que ya se ha metido la pata, afirmo que atribuir el terrorismo a la guerra de Irak es un error e, incluso, un fraude para engañar a los tontos. El 11 de Septiembre no había estallado la guerra de Irak. La guerra que declaró oficialmente el 11 de Septiembre Osama bin Laden ya estaba en marcha. Desde hace décadas, los hijos de Alá venían atormentando a Europa, a Norteamérica y a Israel con sus matanzas. ¿Recuerda las que, también en Italia, sufrimos a manos de Habash y de Arafat?
Entiendo hacia dónde apunta su pregunta. Apunta al asunto de la retirada de tropas de Irak. Y le contesto: El terrorismo no cesará ni disminuirá imitando al irresponsable e insoportable Zapatero. Al contrario. Cada vez que un contingente se retira, Europa ofrece otra prueba de debilidad y de miedo.
P.- A su juicio, definir al islam como «una religión de paz» y decir que el Corán enseña la misericordia es una tontería. ¿Por qué?
R.- Porque, amén de 14 siglos de Historia (siglos durante los cuales el islam no hizo otra cosa que desencadenar guerras, es decir conquistar, someter y masacrar), lo dice el Corán. Es el Corán, y no mi tía, el que llama a los no musulmanes «perros infieles». Es el Corán, no mi tía, el que los acusa de oler como los simios y los camellos. Es el Corán, no mi tía, el que invita a sus secuaces a eliminarlos. A mutilarlos, a lapidarlos, a decapitarlos o, al menos, a degollarlos. De tal forma que, si en Arabia Saudí, te pillan con una cruz en el cuello, una estampita en la cartera o una Biblia en tu casa, terminas en la cárcel y quizás en el cementerio.
Hay que meterse en la cabeza esta sencilla, inequívoca e indiscutible verdad: todo lo que los musulmanes hacen contra nosotros y contra sí mismos está escrito en el Corán. Viene pedido y exigido por el Corán. La yihad o guerra santa. La violencia, el rechazo de la democracia y de la libertad. La alucinante servidumbre de la mujer. El culto a la muerte, el desprecio a la vida… Y no me responda como los zorros del islam moderado, no me diga que en el Corán hay versiones distintas y diversas. Por mucho que cambien las versiones, en todas ellas la esencia es la misma. No entiendo la deferencia con la que ustedes, los católicos, se refieren al Corán. Alá no tiene nada que ver con el Dios del cristianismo. Nada. No es un Dios bueno, no es un Dios padre. Es un Dios malo. Un Dios dueño. No trata a los seres humanos como hijos. Los trata como súbditos, como esclavos. Y no enseña a amar: enseña a odiar. No enseña a respetar: enseña a despreciar. No enseña a ser libres: enseña a obedecer.
El enemigo al que tratamos como amigo
Basta leer las suras sobre los «perros infieles» -apunta la periodista- para darse cuenta de ello. No, no. Nuestro primer enemigo no es Bin Laden. No es Al Zarqaui. No son los terroristas que cortan cabezas. Nuestro primer enemigo es ese libro. El libro que los ha intoxicado. Por eso digo que el diálogo con el islam es imposible y rechazo el cuento del islam moderado, es decir el islam que, de vez en cuando, se digna a condenar las matanzas, pero a la condena añade un pero. Por eso, la convivencia con el enemigo que tratamos como amigo es una quimera y la palabra «integración» es una mentira. Jurídicamente, de hecho, muchos son realmente nuestros conciudadanos. Gente nacida en Inglaterra, en Francia, en Italia, en España, en Alemania, en Holanda, en Polonia, etcétera. Individuos crecidos como ingleses, franceses, italianos, españoles, alemanes, holandeses, polacos… Que parecen realmente integrados en nuestra sociedad. Pero, al mismo tiempo, siguen tratando a sus mujeres (y también a las nuestras) como las tratan. Les pegan, las humillan y, a veces, las matan. Y cuando meten sus pies en la mezquita, se dejan de nuevo crecer la barba. Escuchan al imam que predica la yihad, estudian lo que es, aprenden de memoria el Corán y, ¡zas!, se convierten en aspirantes a terroristas y, después, en alumnos terroristas y después en militantes terroristas. Mientras los que no lo hacen, los llamados moderados, farfullan sus ambiguos pero.
Tras el 7-J de Londres
Padre Andrzej, las estadísticas siempre me han resultado antipáticas -afirma Fallaci-. Sin embargo, no se pueden ignorar y, según la encuesta realizada tras las matanzas de Londres por el Daily Telegraph, resulta que el 24% de los musulmanes ingleses admite ’sentir simpatía por los sentimientos y los motivos que condujeron a la masacre del 7 de julio’. El 46% de los moderados comprende ‘por qué los terroristas se comportan de esa forma’. Y el 32% considera que ‘los musulmanes tienen que poner fin a la decadente civilización occidental’. El 14% confiesa ‘no sentir el deber de advertir a la policía si saben que se está preparando un atentado y, mucho menos, si un imam incita a la guerra santa». Por si no fuese suficiente, en un informe gubernamental, titulado The Next London Bombing, se deduce que en Gran Bretaña hay 16.000 musulmanes enrolados en actividades terroristas, y que la mitad de los jóvenes musulmanes entrevistados se dicen ‘ansiosos por pasar a la violencia para eliminar nuestra inmoral sociedad’.
Padre Andrzej, le fastidia oír ciertas cosas, ¿verdad? Le repugna ver en tantos huéspedes nuestros una nueva juventud hitleriana que aplica su Mein Kampf, ¿verdad? Y le parece excesivo que yo vea en ellos un peligro para Occidente y para el resto de la Humanidad, ¿verdad? Por eso le recuerdo que quienes instalaron el nazismo en Alemania y en Europa no fueron todos los alemanes. Fue la minoría de desalmados que miraba al profeta Hitler como los terroristas de hoy miran al profeta Mahoma.
Y si cree que es injusto echarle la culpa a una religión e, incluso, a un libro, piense en el chico americano que los marines capturaron con los talibán durante la Guerra de Afganistán. Americano, repito. Californiano. De Los Angeles, con la piel blanca como la clara del huevo y de educación laico cristiana. No era marroquí ni tunecino o saudí o senegalés o somalí. Pero un día ese chaval americano puso el pie en una mezquita y dijo a sus padres: ‘Mummy, daddy, quiero estudiar el Corán’. Después, se fue a Pakistán, aprendió el Corán de memoria, se hizo lavar el cerebro por los imames y terminó con los talibán en Kabul.
Padre Andrzej, ésta es mi respuesta a su última pregunta. Sé muy bien que, al dársela, refuerzo el riesgo de ir a la cárcel por delito de opinión enmascarado bajo la acusación de ‘vilipendio al Islam’. Sé bien que, junto a la cárcel, arriesgo la vida, es decir, desafío una vez más a la nueva Hitler-Jugend que quiere matarme. También sé que tampoco nosotros podemos presumir de santos. Que, en nuestra Historia, también nosotros hemos combinado las luces y las sombras. Pero hoy, el peligro no somos nosotros. Son ellos. Es su libro. Y dado que nadie lo dice, dado que alguien debe decirlo, lo digo yo.

Truman Capote

*Entervista Truman Capote
Truman Capote (cuyo verdadero nombre es Truman Streckfus Persons) nació en 1925, creció en el sur de los Estados Unidos, fue a la escuela en Greenwich, Connecticut y, hasta que sus cuentos empezaron a ser publicados, desempeñó diversos trabajos como lector de guiones cinematográficos, bailarín en una embarcación fluvial y "office boy" en la redacción de The New Yorker. A los diecinueve anos ganó un Premio O. Henry con su cuento "Miriam", y en 1948 obtuvo otro por Shut a Final Door, ("Cierra una última puerta"). La casa editora Random House publicó una colección de sus cuentos A Tree of Night (Un árbol de noche) en 1949.
En 1948 Truman Capote atrajo la atención nacional con su primera novela, Other Vojees, Other Rooms (Otras voces, otros ámbitos), un libro profusamente ataviado con los elementos grotescos de la tradición gótica enmarcados en el ambiente de los estados sureños de Norteamérica. Refiriéndose al método del autor, Carlos Baker escribió: " Capote sabe que, en una de las condiciones del espíritu humano, el sonido de una voz puede marcar toda una época, y la intuición de algo o de alguien que respira al otro lado de la pared en una habitación contigua puede llevar a quien lo escucha al borde del cataclismo."
Una segunda novela, The Grass Harp, apareció en 1951. Una adaptación presentada en Broadway en 1952 no tuvo mucho éxito, aunque Brooks Atkinson la elogió como "la aportación de mayor fuerza creadora de la temporada".
[Hay una edición argentina de la obra teatral: El arpa de pasto.] En 1954 Capote escribió el libreto para otro espectáculo montado en Broadway: una comedia musical suntuosa, pero que tampoco tuvo mucho éxito, basada en su cuento "'The House of Flowers" ("La casa de las flores"). Aunque Capote reside en Brooklyn Heights, pasa una buena parte del año viajando. Ha escrito un libro de viajes titulado Local Color, en el que describe sus viajes por el sur de los Estados Unidos, Portugal y Francia. En 1956 relató sus experiencias en la URSS, pais que visitó acompañando a los artistas que representaron Porgy and Bess, en un libro que recibió grandes elogios: The Muses Are Heard (Se oyen las musas).
[En 1958 apareció Breakfast at Tiffany's. A Short Novel and Three Siories (Desayuno en Tiffany's, "La casa de las flores", "Una guitarra de diamante" y "Recuerdo navideño" en el mismo volumen). Capote trabajó seis años en su más reciente libro In Cold Blood (A sangre fría), narración del asesinato de un granjero y su familia en Holcomb, Kansas, a manos de dos exconvictos, Perry Smith y Richard Hickock, que robaron menos de cincuenta dólares. Innumerables veces Capote habló con Smith y Hickock y con los vecinos de la familia Clutter, pero sin emplear grabadora ni libreta de apuntes. El resultado del "experimento estético" es una "nueva forma literaria: la novela sin ficción", en las propias palabras de su autor. In CoId Blood fue un extraordinario éxito de librería y crítica en el primer semestre de 1966.]
Truman Capote vive en una casona amarilla en Brooklyn Heights, que él ha restaurado con el gusto y la elegancia que caracterizan generalmente a sus empresas. Cuando yo entré lo encontré con la cabeza metida hasta los hombros en una gran caja que acababa de llegar y que contenía un león de madera.
¡Mire! exclamó mientras lo extraía de un montón de serrín y virutas.
¿Ha visto usted alguna vez algo tan espléndido? Bueno, ahí está. Lo vi y lo compré. Ahora es todo mío.
Es grande dije yo. ¿Dónde lo va a colocar?
Junto a la chimenea, por supuesto dijo Capote. Ahora pase usted a la sala, en lo que consigo a alguien que limpie todo esto.
La sala es de aspecto victoriano y contiene la colección más íntima de objetos de arte y tesoros personales de Capote, que, pese a su ordenada disposición sobre mesas pulidas y estantes de bambú, le recuerdan a uno el contenido de los bolsillos de un niño muy astuto. En la colección figuran, por ejemplo, un huevo de Pascuas dorado traído de Rusia, un perro de hierro bastante maltratado, un estuche para píldoras estilo Fabergé, unas cuantas canicas, frutas en cerámica azul, pisapapeles, cajitas de Battersea, tarjetas postales y viejas fotografías. En suma: todo lo que podría parecer útil o provechoso en un día de aventuras alrededor del mundo.
El propio Capote encaja muy bien en esta impresión a primera vista. Es pequeño y rubio, con un mechón que insiste en caerle sobre los ojos, y su sonrisa es repentina y cautivante. Su actitud ante cualquier nuevo conocido es abiertamente amistosa y llena de curiosidad. Podría ser engañado por cualquier cosa, y, en realidad, parece más que dispuesto a dejarse engañar. Hay algo en él, sin embargo que le hace pensar a uno que, pese a toda su buena disposición, sería difícil embaucarlo y que más valdría no hacer el intento.
Desde el pasillo se dejó escuchar un ruido de pisadas y Capote entró, precedido por un gran bulldog de cara blanca.
Este es Bunky - dijo.
Bunky me olisqueó y Capote y yo nos sentamos.
- ¿Cuándo empezó usted a escribir?
- Cuando tenía diez u once años y vivía cerca de Mobile. Tenía que ir a la ciudad todos los sábados, para ver al dentista, e ingresé en el Sunshine Club que había sido organizado por el Mobile Press Register. El periódico tenía una página para niños que patrocinaba concursos literarios y de dibujo. Todos los sábados por la tarde había una fiesta con refrescos gratis. El premio en el concurso de cuentos era un pony o un perro. Yo estaba loco por ganarme uno de los dos, ya no recuerdo cuál. Había venido observando las actividades de unos vecinos que no se traían nada bueno entre manos, y escribí una especie de "novela en clave" titulada "Oíd Mr. Busybody" y la sometí al concurso. La primera entrega fue publicada un domingo, bajo mi nombre verdadero: Truman Streckfus Persons. Sólo que alguien de repente se dio cuenta de que yo estaba presentando un escándalo local en forma de novela, y la segunda entrega nunca apareció. Naturalmente, no gané ningún premio.
¿Estaba usted seguro, en aquel entonces, de que quería ser escritor?
Sabía que quería ser escritor, pero no estuve seguro de que lo sería hasta los quince años más o menos. Ya había empezado, con poca modestia, a enviar cuentos a las revistas populares y a las literarias. Ningún escritor, por supuesto, olvida jamás su primera aceptación; pero un buen día, cuando yo tenía diecisiete años, recibí la primera, la segunda y la tercera en el correo del mismo día. Ah, créamelo usted, eso de saltar de gusto no es una simple frase!
¿Qué escribió usted primero?
-Cuentos. Y mis ambiciones más firmes giran todavía alrededor de ese género. Creo que el cuento, cuando es explorado seriamente, es el más difícil y el más riguroso de los géneros en prosa existentes. Todo el control y la técnica que yo pueda tener se lo debo enteramente a mi adiestramiento en ese género.
-¿Qué significa exactamente "control" para usted?
-Significa mantener un dominio estilístico y emocional sobre el material. Llámelo preciosismo si gusta y mándeme al demonio, pero yo creo que un cuento puede ser arruinado por un ritmo defectuoso en una oración -especialmente al final- o por un error en la división de los párrafos y basta en la puntuación. Henry james es el maestro del punto y coma. Hemingway es un parrafista de primer orden. Desde el punto de vista del oído, Virginia Woolf nunca escribió una mala oración. No me propongo implicar que practico con éxito lo que predico. Lo intento, eso es todo.
-¿Cómo se llega a dominar la técnica del cuento?
-Puesto que cada cuento presenta sus propios problemas técnicos, obviamente no se puede generalizar acerca de ellos sobre una base de dos-más-dos-son-cuatro. Hallar la forma correcta para un cuento es sencillamente descubrir la manera más natural de contarlo. El modo de probar si un escritor ha intuido o no la forma natural de su cuento consiste sencillamente en esto: después de leer el cuento, ¿puede uno imaginárselo en una forma diferente, o silencia el cuento la imaginación de uno y parece absoluto y definitivo? Del mismo modo que una naranja es definitiva, algo que la naturaleza ha hecho de la manera precisamente correcta.
-¿Hay recursos que uno pueda utilizar para mejorar la técnica?
-El único recurso que conozco es el trabajo. La creación literaria tiene leyes de perspectiva, de luz y sombra, al igual que la pintura o la música. Si uno nace conociéndolas, magnífico. Si no, hay que aprenderlas. A continuación hay que reordenarlas a conveniencia de uno. Aun Joyce, el más radical enemigo de las reglas entre nosotros, era un artífice consumado; pudo escribir Ulysses porque escribió Dubliners (Dublinenses). Hay demasiados escritores que parecen pensar que escribir cuentos no es más que una manera de ejercitar la mano. Bueno, en esos casos es seguro que lo único que están ejercitando es la mano.
-¿ Recibió usted muchos estímulos en esos primeros tiempos? Y si los recibió, ¿de quiénes provinieron?
-¡Dios santo! Me temo que al hacer esa pregunta se ha comprometido usted a tener que escuchar una epopeya. La respuesta es un nido de víboras de negativas y unas cuantas afirmativas. Mire usted, no totalmente, pero sí en gran medida, mi infancia transcurrió en regiones del país y entre personas que carecían de toda actitud cultural. Lo cual probablemente no fue malo, a la larga. Me endureció desde muy temprano para nadar contra la corriente; en verdad, en algunos aspectos desarrollé los músculos de una verdadera barracuda, especialmente en el arte de lidiar con los enemigos, un arte que no es menos necesario que el de saber apreciar a los amigos. Pero volviendo atrás: naturalmente, en ese medio, yo era considerado un tanto excéntrico, lo cual era bastante justo, y, además, estúpido, lo cual resentía adecuadamente. Con todo, despreciaba la escuela -o más bien las escuelas, pues me la pasaba cambiando de una a otra- y año tras año reprobaba las materias más sencillas, por pura aversión y fastidio. Faltaba a clases cuando menos dos veces por semana y a cada rato me escapaba de la casa. Una vez me fugué con una amiga que vivía en la casa de enfrente: una muchacha mucho mayor que yo que posteriormente alcanzó cierta fama porque asesinó a media docena de personas y fue electrocutada en Sing Sing. La llamaron la "Asesina Corazones Solitarios". Pero ya estoy yéndome por la tangente otra vez. Bueno, finalmente, cuando tenía unos doce años, si no recuerdo mal, el director de la escuela a la que asistía visitó a mi familia y le dijo que en su opinión, y en la de los demás maestros, yo era "subnormal". Pensaba que lo sensato y humanitario era enviarme a alguna escuela especial para chiquillos retrasados. Aparte de lo que hayan pensado en su fuero interno, mis parientes se dieron oficialmente por ofendidos y, en un esfuerzo por probar que yo no era subnormal, me mandaron sin pérdida de tiempo a una clínica de estudios psicoanalíticos en una universidad del Este del país, donde me examinaron el Cociente de Inteligencia. El examen me divirtió enormemente y. . . ¿ sabe usted qué?. . . regresé a casa proclamado genio por la ciencia. No sé quién se sintió más abrumado, si mis antiguos maestros, que se negaron a creerlo, o mis parientes, que no quisieron creerlo: todo lo que querían que les dijeran era que yo era un simpático muchachito normal. ¡Ja, ja! Pero, por lo que a mí tocaba, me sentía sumamente complacido: me la pasaba mirándome en los espejos y chupándome los carrillos y diciéndome: "Pues sí, jovencito, tú y Flaubert... o Maupassant o Mansfield o Proust o Chéjov o Wolfe" según quién fuera el ídolo del momento. Empecé a escribir con un empeño tremendo: mi mente zumbaba la noche entera, todas las noches, y no creo que haya dormido realmente durante varios años. Cuando menos basta que descubrí que el whisky me sosegaba. Era demasiado joven -tenía quince anos- para poder comprarlo con mi propio dinero, pero contaba con unos cuantos amigos mayores que eran sumamente complacientes en ese sentido y no tardé en llenar una maleta con botellas, con botellas de todo: desde brandy de zarzamoras hasta whisky Bourbon. Guardaba la maleta en un ropero y bebía sobre todo por la tarde; después masticaba un puñado de Sen Sen y bajaba a cenar al comedor, donde mi comportamiento, caracterizado por largos silencios y miradas vidriosas, se convirtió gradualmente en motivo de consternación general. Uno de mis parientes solía decir: "Realmente, si no fuera porque sé que es absurdo, juraría que está borracho perdido." Bueno, claro está que esa pequeña comedia, si tal era, terminó con el descubrimiento de la maleta y un relativo desastre; y pasó mucho tiempo antes de que volviera a tocar una gota. Pero parece que ya me volví a apartar de nuestro tema. Usted preguntaba por los estímulos. La primera persona que me ayudó verdaderamente fue, cosa extraña, una maestra. Una maestra de inglés que tuve en la escuela secundaria, llamada Catherine Wood. Ella apoyó mis ambiciones en todas las formas, y siempre le estaré agradecido. Más tarde, desde el momento en que empecé a publicar, recibí todo estímulo que cualquier persona podría desear, especialmente de parte de Margarita Smith, encargada de la sección de textos narrativos de la revista Mademoiselle, de Mary Louise Aswell, de Harper's Bazaar, y de Robert Linscott, de la editorial Random House. Habría que ser un glotón, en realidad, para pedir mejor suerte de la que tuve al comienzo de mi carrera.
-¿Esos tres editores que usted acaba de mencionar lo estimularon simplemente comprando sus trabajos o también lo ayudaron con sus críticas?
-Bueno, no puedo imaginar que haya algo más estimulante que el hecho de que alguien le compre a uno sus trabajos. Yo nunca escribo -en verdad soy físicamente incapaz de escribir- nada que piense que no me pagarán. Pero, en realidad, las personas mencionadas, y algunas otras también, fueron todas ellas muy generosas con sus consejos.
-¿Le gusta a usted algo de lo que escribió hace mucho tiempo tanto como lo que está escribiendo ahora?
-Sí. Por ejemplo, el verano pasado leí mi novela Otras voces, otros ámbitos por primera vez desde que fue publicada hace ocho años, y en buena medida fue como si estuviera leyendo algo escrito por otra persona. La verdad es que soy un extraño para ese libro; la persona que lo escribió parece tener muy poco en común con mi ser actual. Nuestras mentalidades, nuestras temperaturas internas, son completamente diferentes. Pese a la torpeza de expresión, el libro tiene una intensidad asombrosa, un verdadero voltaje. Me da mucho gusto haber podido escribir el libro cuando lo escribí; de lo contrario nunca lo habría escrito. También me gustan The Grass Harp y algunos de mis cuentos, aunque no Miriam, que es un truco hábil pero nada más. No, prefiero Chudren on Their Birthdays ("Niños en sus cumpleaños") y Shut a Final Door ("Cierra una última puerta") . .. ah, y algunos otros, especialmente uno que no parece gustarle a mucha gente, Master Misery ("La maestra miseria"), que figura en mi colección A Tree of Night.
-Usted publicó un libro sobre el viaje de los artistas de Porgy and Bess a Rusia. Una de las cosas más interesantes en relación con el estilo es su insólita objetividad, incluso en comparación con los reportajes de los periodistas que han pasado muchos años consignando sucesos en una forma imparcial. Uno tiene la impresión de que esta versión debe de haber sido tan aproximada a la verdad como puede lograrse a través de los ojos de otra persona, lo cual es sorprendente cuando se considera que la mayor parte de la obra de usted se caracteriza precisamente por su carácter personal.
-En realidad, no pienso que el estilo de ese libro, Se oyen las musas, difiera notablemente de mi estilo novelístico. Tal vez el contenido, el hecho de que se refiere a sucesos reales, lo haga parecer así. Después de todo, es un reportaje directo, y al escribir reportajes uno se ocupa de la literalidad y las superficies, de la implicación sin el comentario. En el reportaje no se pueden lograr las profundidades inmediatas que pueden lograrse en la literatura novelística. Sin embargo, una de las razones que me han movido a escribir reportajes es la de probar que podía aplicar mi estilo a las realidades del periodismo. Pero creo que mi método novelístico es igualmente objetivo: la actitud emocional me hace perder el control literario. Tengo que agotar la emoción antes de sentirme lo suficientemente clínico para analizarla y proyectarla, y por lo que a mí se refiere ésa es una de las leyes de la adquisición de una verdadera técnica. Si mi literatura novelística parece más personal es porque ella depende del área más personal y reveladora del artista: su imaginación.
-¿Cómo agota usted la imaginación? ¿Se trata únicamente de pensar la historia durante cierto tiempo o hay otras consideraciones?
-No, no creo que sea sólo cuestión de tiempo. Suponga que usted se pasa una semana comiendo sólo manzanas. Indiscutiblemente usted agota su apetito por las manzanas y sin duda alguna sabe cuál es su sabor. Cuando yo me pongo a escribir un cuento, tal vez ya no siento ninguna hambre de ese cuento, pero considero que conozco perfectamente su sabor. Los artículos sobre Porgy and Bess no tienen ninguna relación con este asunto. Eso era reportaje y las "emociones" no tenían mucho que ver, cuando menos con los territorios difíciles y personales del sentimiento a que me refiero. Creo recordar haber leído que Dickens, a medida que escribía, se moría de risa con su propio humorismo y derramaba lágrimas sobre toda la página cuando uno de sus personajes moría. Mi propia teoría es que el escritor debe haber gozado su ingenio y secado sus lágrimas mucho, mucho antes de proponerse suscitar reacciones similares en un lector. En otras palabras, creo que la mayor intensidad en el arte en todas sus formas se alcanza con una cabeza dura, fría y deliberada. Por ejemplo, Un coeur simple (Un corazón sencillo) de Flaubert. Un cuento sentido. escrito sentidamente; pero sólo podía ser la obra de un artista muy consciente de las técnicas verdaderas, es decir, de las necesidades. Estoy seguro de que en algún momento Flaubert debe de haber sentido el cuento muy intensamente, pero no cuando lo escribió. O, para tomar un ejemplo más contemporáneo, considere esa maravillosa novela corta de Katherine Anne Porter, Noon Wine (El vino de mediodía). Tiene tanta intensidad, tanta fuerza de actualidad... y, sin embargo, el estilo está tan controlado y los ritmos interiores del relato son tan inmaculados, que yo estoy bastante seguro de que la autora estaba a cierta distancia de su material.
-¿Han sido escritos sus mejores cuentos o libros en momentos relativamente tranquilos de su vida o trabaja usted mejor debido a la tensión emocional o a despecho de ella?
-Tengo la ligera sospecha de que no he vivido un solo momento de tranquilidad, a menos que cuente el que produce un nembutal ocasional. Aunque, ahora que pienso en ello, pasé dos años en una casa muy romántica en lo alto de una montaña en Sicilia, y supongo que ese periodo podría considerarse tranquilo. Fue tranquilo, Dios lo sabe. Allí escribí El arpa de hierba. Pero debo decir que un poco de tensión, como la que se deriva del empeño de acabar un trabajo dentro de un plazo dado, me viene bien.
-Usted ha vivido en el extranjero durante los últimos ocho anos. ¿Por qué decidió regresar a los Estados Unidos?
-Porque soy norteamericano y nunca podría ser, ni tengo ganas de ser, otra cosa. Además, me gustan las ciudades, y Nueva York es la única ciudad-ciudad verdadera. Con excepción de un período de dos años, regresé a los Estados Unidos cada uno de esos ocho años, y nunca me sentí un expatriado. Para mí, Europa fue un método de adquirir una perspectiva y una educación, un escalón hacia la madurez. Pero la ley del rendimiento menguante es una realidad, y hace unos dos años empecé a sentir sus efectos: Europa me había dado muchísimo, pero de repente sentí que el proceso empezaba a invertirse; me estaba quitando en vez de darme. Así que regresé, sintiéndome bastante crecido y capaz de establecerme donde están mis raíces, lo cual no quiere decir que haya comprado una butaca y me haya petrificado. De ninguna manera. Me propongo seguir viajando mientras las fronteras permanezcan abiertas.
-¿Lee usted mucho?
-Demasiado. Y cualquier cosa, incluidas las etiquetas, las recetas de cocina y los anuncios. Soy un apasionado de los periódicos: leo todos los diarios de Nueva York todos los días y, además, las ediciones dominicales y varias revista extranjeras. Las que no compro las leo de pie en los puestos de revistas. Leo un promedio de cinco libros a la semana: una novela de extensión normal me lleva unas dos horas. Disfruto las novelas de misterio y me gustaría escribir una algún día. Aunque prefiero las buenas novelas, durante los últimos años mis lecturas parecen haberse concentrado en las cartas, los diarios y las biografías. No me molesta leer mientras estoy escribiendo, es decir, que no me sucede que mi pluma empiece a escribir de repente con el estilo de otro escritor. Aunque una vez, durante un prolongado periodo de lectura de James, mis propias oraciones se hicieron terriblemente largas.
-¿Qué escritores han influido más en usted?
-Que yo sepa conscientemente, nunca me be sentido bajo ninguna influencia literaria directa, aunque varios críticos me han informado que mis primeras obras están en deuda con Faulkner y Eudora Welty y Carson McCullers. Es posible. Yo soy un gran admirador de los tres, y de Katherine Anne Porter también. Pero no creo, cuando los examino cuidadosamente, que tengan mucho en común entre si, ni conmigo, excepto que todos nacimos en el Sur. El momento ideal, Si es que no el único, para sucumbir a Thomas Wolfe es entre los trece y los dieciséis años. Wolfe me parecía un gran genio entonces, y todavía me lo parece, aunque ya no puedo leer una sola línea suya. Del mismo modo han muerto otras pasiones juveniles: Poe, Dickens, Stevenson. Los amo en el recuerdo, pero los encuentro ilegibles. Los entusiasmos que permanecen constantes son: Flaubert, Turguenev, Chéjov, Jane Austen, James, E. M. Forster, Maupassant, Rilke, Proust, Shaw, Willa Cather... oh, la lista es demasiado larga, así que la terminaré con James Agee, un hermoso escritor cuya muerte hace más de dos años fue una verdadera pérdida. La obra de Agee, por cierto, fue muy influida por el cine. Yo creo que la mayoría de los escritores jóvenes han aprendido y tomado mucho del aspecto visual, estructural, de la técnica cinematográfica. Ese ha sido mi caso.
-Usted ha escrito para el cine, ¿no es cierto? ¿Cómo le fue?
-Me divertí de lo lindo. Cuando menos la única película que escribí me hizo gozar enormemente. Trabajé en ella con John Huston mientras la película estaba en proceso de filmación en Italia. Algunas veces escribía en el mismo set las escenas que estaban a punto de filmarse. Los actores parecían volverse locos; algunas veces el propio Huston no parecía saber lo que estaba pasando. Naturalmente, las escenas había que escribirlas partiendo de una secuencia, y hubo momentos especiales en que yo llevaba en mi cabeza el único esquema real del llamado argumento. ¿Usted nunca vio esa película? Oh, debería verla. Es una broma estupenda, aunque me temo que al productor no le haya hecho gracia. Al diablo con él. Cada vez que la exhiben en un cine de segunda corrida voy a verla y paso un gran rato. Hablando en serio, sin embargo, no creo que un escritor tenga muchas posibilidades de imponerse en una película a menos que trabaje en íntima relación con el director o que él mismo sea el director. El cine es en tal medida un medio de expresión del director que sólo ha producido un escritor que, trabajando exclusivamente como guionista, puede considerarse como un genio del cine. Me refiero a ese tímido y encantador pequeño campesino que se llama Zavattini. ¡Qué sentido visual! El ochenta por ciento de las buenas películas italianas fueron hechas con guiones de Zavattini: todas las películas de De Sica, por ejemplo. De Sica es un hombre encantador, una persona talentosa y profundamente refinada; ello no obstante, es sobre todo un megáfono para Zavattini, sus películas son absolutamente creaciones de Zavattini: cada matiz, cada actitud, cada detalle está indicado claramente en los guiones de Zavattini.
-¿Podría usted mencionar algunos de sus hábitos de trabajo? ¿ Usa usted un escritorio? ¿Escribe a máquina?
-Soy un autor completamente horizontal. No puedo pensar a menos que esté acostado, ya sea en la cama o en un diván y con un cigarrillo y café a la mano. Tengo que estar chupando y sorbiendo. A medida que avanza la tarde, cambio de café a té de menta y de jerez a martinis. No, no uso máquina de escribir. No al comienzo. Escribo mi primera versión a mano (con lápiz).
Después hago una revisión completa, también a mano. Esencialmente, me considero un estilista, y los estilistas son notoriamente proclives a dejarse obsesionar por la colocación de una coma y por el peso de un punto y coma. Las obsesiones de este tipo, y el tiempo que me quitan, me irritan hasta lo indecible.
-Usted parece establecer una distinción entre los escritores que son estilistas y los que no lo son. ¿A cuáles autores llamaría estilistas y a cuáles no?
-¿Qué es el estilo? ¿Y "qué es", como pregunta el Zen Koan, "el sonido de una mano?" Nadie lo sabe realmente, sin embargo, uno lo sabe o no lo sabe. Para mí, si usted me permite una pequeña imagen un tanto simplista, el estilo es el espejo de la sensibilidad de un artista, en mayor grado que el contenido de su obra. En cierta medida todos los escritores tienen estilo: Ronald Firbank, el pobrecito, apenas tenía otra cosa, y gracias a Dios se dio cuenta de ello. Pero la posesión del estilo, de un estilo, es a menudo un impedimento, una fuerza negativa, no como debería ser, y como es, pongamos por caso, en E. M. Forster, Colette, Flaubert, Mark Twain, Hemingway e Isak Dinesen: un refuerzo. Dreiser, por ejemplo, tiene un estilo.. . pero, ¡oh, Dio buono! Y Eugene O'Neill. Y Faulkner, con todo lo brillante que es. Todos ellos me parecen triunfos sobre estilos fuertes pero negativos, estilos que no añaden nada realmente a la comunicación entre el escritor y el lector. Y también existe el estilista sin estilo, lo cual es muy difícil, muy admiraba y siempre muy popular: Graham Greene, Maugham, Thornton Wilder, John Hersey, Willa Cather, Thurber, Sartre (recuerde usted que no estamos discutiendo el contenido), J. P. Marquand, etcétera. Pero, si, si existe ese animal que es el no-estilista. Sólo que no son escritores; son mecanógrafos. Mecanógrafos sudorosos que llenan libras de papel con mensajes sin forma, sin ojos y sin oídos. Bueno, ¿quiénes son algunos de los escritores jóvenes que parecen estar enterados de que el estilo existe? P. H. Newby, Francoise Sagan, en cierta medida. Bilí Styron, Flannery O'Connor. .. ¡ah, esa muchacha tiene algunos momentos extraordinarios! James Merrilí. William Goyen... si dejara de ser histérico. J. D. Salinger, especialmente en la tradición del estilo coloquial. ¿ Colin Wilson? Otro mecanógrafo.
-Usted dice que Ronald Firbank apenas tenía algo más que estilo. ¿ Cree usted que el estilo por sí solo puede hacer que un escritor sea grande?
-No, no lo creo... aunque, podría argumentarse: ¿ qué le sucedería a Proust si lo separáramos de su estilo? El estilo nunca ha sido el punto fuerte de los escritores norteamericanos. Y eso a pesar de que algunos de los mejores estilistas han sido norteamericanos. Hawthorne fue un buen arranque para nosotros Y durante los últimos treinta años, Hemingway, por lo que al estilo se refiere, ha influido en más escritores en escala mundial que ningún otro escritor. En la actualidad, creo que nuestra propia señorita Porter sabe tan bien como cualquiera de qué se trata.
-¿Puede un escritor aprender el estilo?
-No, no creo que el estilo sea algo a lo que se llegue conscientemente, como tampoco llegamos al color de nuestros ojos. Al fin y al cabo, su estilo es usted. En última instancia la personalidad de un escritor tiene mucho que ver con la obra. La personalidad tiene que estar humanamente presente. Personalidad es una palabra envilecida, ya lo sé, pero es lo que yo quiero decir. La humanidad individual del escritor, su palabra o su gesto frente al mundo, tiene que aparecer casi como un personaje que entre en contacto con el lector. Si la personalidad es vaga o confusa o meramente literaria, cha ne va pas. Faulkner, McCullers son escritores que proyectan su personalidad de inmediato.
-Resulta interesante que su obra haya sido tan ampliamente elogiada en Francia. ¿Cree usted que el estilo es traducible?
-¿ Por qué no? Siempre que el autor y el traductor sean gemelos artísticos
-Bueno, me temo que lo interrumpí a usted con su cuento todavía manuscrito a lápiz. ¿Qué sucede a continuación?
-Déjeme ver, ése era el segundo borrador. Entonces mecanografío un tercer borrador en papel amarillo, un tipo muy especial de papel amarillo, ¿sabe usted? No, no salgo de la cama para hacer esto último. Mantengo la máquina sobre mis rodillas. Ah, sí, lo hago muy bien: escribo cien palabras por minuto. Bueno, cuando el borrador en papel amarillo está listo, guardo el manuscrito durante algún tiempo, una semana, un mes, a veces más. Cuando vuelvo a sacarlo, lo leo tan fríamente como sea posible, después se lo leo a uno o dos amigos y decido qué cambios quiero hacerle y si deseo publicarlo o no. He echado a la basura unos cuantos cuentos, una novela entera y la mitad de otra. Pero si todo marcha bien, mecanografío la versión definitiva en papel blanco y ahí acaba todo.
-¿Está el libro completamente organizado en su cabeza antes de que usted lo comience, o se desarrolla sorprendiéndolo a usted mismo a medida que lo escribe?
-Las dos cosas. Yo tengo invariablemente la ilusión de que todo el desarrollo de un relato, su comienzo, su parte intermedia y su término, ocurren de manera simultánea en mi mente, como si lo viera en un solo relámpago. Pero en la elaboración y la redacción se producen sorpresas infinitas. Gracias a Dios que es así, porque la sorpresa, el sesgo repentino, la frase que se presenta en el momento preciso sin que se sepa de dónde viene, son el dividendo inesperado, el jubiloso empujoncito que mantiene activo a un escritor.
Hubo una época en que yo usaba un cuaderno de apuntes en el que hacía esquemas de cuentos. Pero descubrí que eso marchitaba de algún modo la idea en mi imaginación. Si la idea es lo suficientemente buena, si de veras le pertenece a uno, entonces no se puede olvidar: lo acosará a uno hasta que la escriba.
-¿Qué porción de su obra es autobiográfica?
-Una porción muy reducida, en realidad. Una parte pequeña es sugerida por incidentes y personajes reales, aunque todo lo que un escritor escribe es en cierto sentido autobiográfico. El arpa de pasto es lo único que he escrito tomándolo de la realidad, y naturalmente todo el mundo pensó que era inventado y se imaginó que Otras voces, otros ámbitos era una obra autobiográfica.
-¿Tiene usted algunas ideas o proyectos definidos para el futuro?
-(Meditabundo ) Bueno, sí, creo que sí. Siempre he escrito lo que era más fácil para mí hasta ahora. Quiero intentar algo distinto, una especie de extravagancia controlada. Quiero usar más mi mente, usar muchos colores. Hemingway dijo una vez que cualquiera puede escribir una novela en primera persona. Yo sé exactamente lo que él quería decir.
-¿Lo han tentado a usted algunas de las otras artes?
-No sé si es un arte, pero durante varios años padecí el gusanillo del teatro y, más que ninguna otra cosa, quise ser bailarín de zapateado. Solía practicar mi buck-and-wing hasta que todos en la casa sentían ganas de matarme. Más tarde ansié tocar la guitarra y cantar en clubs nocturnos. Hice ahorros para comprar una guitarra y tomé lecciones durante todo un invierno, pero a fin de cuentas lo único que aprendí a tocar bien fue una pieza de aprendiz llamada "I Wish I Were Single Again". Me cansé tanto del asunto que un día le regalé la guitarra a un desconocido en una terminal de autobuses. También me interesó la pintura y estudié durante tres años, pero me temo que me faltaba el fervor, la vrai chose.
-¿Cree usted que las críticas sirven de algo?
-Antes de publicar, y siempre y cuando provengan de personas en cuyo juicio uno confíe, sí, por supuesto, la crítica ayuda. Pero después que algo es publicado, todo lo que deseo leer o escuchar son elogios. Lo que no lo sea